Precalienta el horno a 180 °C / 355 °F.
Para hacer el caramelo, pon un cazo (que no sea antiadherente) a fuego medio-bajo con el agua y el azúcar. Vigílalo durante unos 5 a 7 minutos mientras el azúcar se derrite y adquiere poco a poco un tono marrón claro. No lo remuevas mientras se cocina, ya que podría cristalizarse. Mueve el cazo suavemente en círculos ¡y no dejes que se queme!
Vierte el caramelo en tu molde para flan y resérvalo.
En una batidora o procesador de alimentos, combina los huevos, la leche condensada, la leche evaporada y la vainilla. Bate hasta que los ingredientes estén bien integrados y la mezcla sea cremosa.
Vierte esta mezcla en el molde sobre el caramelo y dale unos golpecitos suaves contra la mesa para que la mezcla se asiente y no queden burbujas de aire.
Coloca el molde dentro de una bandeja de horno de paredes altas y llena la bandeja con agua hirviendo hasta que llegue a la mitad del molde del flan. Introduce la bandeja con cuidado en el horno y hornea durante 40-50 minutos, comprobando el punto a los 30. Para ver si está listo, inserta un cuchillo afilado: si sale limpio, ya está.
Deja que se enfríe a temperatura ambiente durante unos 45 minutos y luego mételo en el frigorífico al menos 3 horas o, idealmente, toda la noche.
Cuando vayas a servirlo, pasa un cuchillo por el borde interior del molde, dale la vuelta sobre un plato y retira el molde. El flan se deslizará cubierto de caramelo. Sírvelo frío con nata, frutos rojos y menta si lo deseas.